Lazos recuerda lo que te contaron, te avisa cuando un lazo lleva tiempo en silencio y convierte los detalles en gestos oportunos.
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Escribes como le contarías a alguien: una pantalla limpia, una pregunta a la vez, y la siguiente aparece sola. Guardar una nota, una idea o un recordatorio se siente como una conversación corta — no como llenar una solicitud.
Te la recordaremos la próxima vez que veas a Ana.
Tus personas no son una lista de contactos: son un círculo. Cada persona tiene su cara — una foto, un emoji que tú eliges, o su inicial — y su nombre lleva el color de su lugar en tu vida.
Identidad propia. Foto, emoji o inicial — como tú la recuerdes. Se elige al agregarla y se cambia cuando quieras.
Color con significado. Morado para tu familia, verde para tus amistades, naranja para tu círculo cercano.
La distancia se nota sin alarmas. Quien lleva tiempo en silencio pesa más — sin rojos ni reproches.
No es una app que regaña. Es una que te toca el hombro, una vez, cuando vale la pena.
Máximo una insistencia por persona al mes, y de tres personas por vez. Después, silencio.
Dice que hay algo pendiente; el nombre solo aparece al abrir la app. Todo viaja cifrado — ni nosotros sabemos a quién extrañas.
Son un banco que consultas cuando quieres, no una lista de tareas. Si quieres que una te avise, la conviertes en recordatorio.
Lo que guardas sobre tus personas es de lo más íntimo que existe. Por eso Lazos se construyó al revés que una red social: todo se cifra en tu dispositivo antes de salir de él.
Cada nota se convierte en un mensaje sellado antes de viajar. AES-GCM-256, cero conocimiento.
El servidor solo guarda sobres cerrados. Sin publicidad, sin algoritmos, sin terceros. Tu información nunca se vende. Nunca.
Tu código de recuperación es la única puerta, y solo se necesita si cambias de dispositivo. Si lo pierdes, nadie puede recuperar tus datos — ni nosotros. Así de en serio va la promesa.
«Facebook sabe lo que tú publicas.
Lazos guarda lo que tú sabes de los demás.»
La privacidad y el hábito nunca son de pago. Premium existe para quien quiere ir más profundo.
No. Un CRM administra clientes; Lazos cuida vínculos. No hay pipeline, ni scores, ni «seguimiento». Hay memoria y gestos oportunos.
Nada legible. Todo se cifra en tu dispositivo; el servidor solo ve sobres cerrados. Por eso ni las notificaciones llevan contenido: cuentan, no cuentan qué.
Te enviamos un respaldo cifrado a tu correo al crear tu cuenta. Si pierdes ambos y cambias de dispositivo, nadie puede recuperar tus datos — ni nosotros. Es el precio de que nadie más pueda leerlos.
No. Lazos no tiene rachas ni urgencias artificiales. Te avisa lo justo — un cumpleaños, un silencio largo, un pendiente — y el resto del tiempo se queda quieto.
Cuidar un vínculo nunca es de una sola persona: alguien pregunta, alguien recuerda, alguien vuelve a llamar. Cuando compartes Lazos con alguien que quieres, le pasas también una forma de estar presente. Extiende tus lazos — y deja que los tuyos te cuiden de vuelta.
Comparte Lazos con tus personasCada quien guarda su propio mundo, cifrado con su propia llave.
Lazos se instala desde el navegador, sin pasar por ninguna tienda. Ocupa unos pocos megas y se abre como cualquier otra app.
Tiene que ser Safari: desde Chrome, iOS no ofrece la opción.
A veces Chrome lo ofrece solo, con un aviso al pie de la pantalla.
La app nativa para iOS y Android llega con Premium.
Recordar también es una forma de querer.
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